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La Paz, 11 de enero de 2025 (ANF).- Cada día, a las ocho de la mañana, el pequeño taller de artesanía en goma eva de Verónica Quiroga, en su vivienda de la Zona Sur de La Paz, vuelve a cobrar vida. Los colores intensos de bolsos, tarjetas, muñecos y bolígrafos personalizados llenan el espacio donde ella no solo diseña productos, sino también construye autonomía económica.

Durante ocho años, Verónica se desempeñó como educadora parvularia. Enseñaba a niños pequeños y, en sus ratos libres, realizaba manualidades como una forma de distracción. Con el tiempo, ese pasatiempo se transformó en una decisión de vida: convertirlo en su principal actividad. Buscaba disponer de su propio tiempo y no descuidar a su hijo pequeño, ya que, como madre y única proveedora del hogar, necesitaba un horario flexible.

—Al inicio sentí temor: me advertían sobre la fuerte competencia y la copia de productos que hay en el rubro de las manualidades. Aun así, decidí invertir y apostar por mi emprendimiento —cuenta, optimista, acomodada en su taller.

Estableció una rutina que hasta hoy le funciona muy bien. Elabora los pedidos por las mañanas, de lunes a domingo, y por las tardes, con su casco puesto y montada en una motocicleta realiza las entregas.

Verónica Quiroga en su taller.

Historias como la suya se repiten en distintos barrios de La Paz. En Villa San Antonio Bajo, Carmen Cadena, de 52 años, madre de tres hijos, dirige un taller de joyería. Allí, entre la fragua y la plata fundida, no solo produce piezas artesanales de su ideación, sino también, libreta en mano, planifica estrategias innovadoras para colocar sus productos. Su trayectoria emprendedora comenzó en la infancia, vendiendo dulces y verduras, luego cosméticos y joyería de fantasía, en un proceso de muchas caídas, retrocesos y avances. 

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