Bolivia continúa como país con “riesgo sustancial”

Fitch Ratings mejoró la calificación de Bolivia pasándola de un CCC- a un CCC. Que, en simples palabras, esta entidad tiene más esperanzas que el Gobierno boliviano cumpla con sus obligaciones financieras internacionales tales como prestamos, bonos y otros. A pesar de haberle subido un peldaño de confiabilidad, sigue siendo un país con “riesgo sustancial”.
La economía boliviana ha reflejado el inicio de una profunda reforma económica con la eliminación de la subvención a los carburantes y la apertura a la cooperación internacional. Sin embargo, persisten los desequilibrios macroeconómicos y un riesgo latente de default, señala el economista e investigador, Fernando Romero.
Señala que Fitch percibe que bajó la probabilidad de incumplimiento en el corto plazo, especialmente para el pago los bonos de marzo 2026 ($us 388 millones). Ya no ve un “default inminente”, aunque el riesgo sigue siendo alto, describe el experto en economía.
Asimismo, sostiene que se destrabó el acceso a créditos multilaterales (CAF, BID, otros), los cuales
estaban políticamente bloqueado antes, así como también las reservas líquidas subieron a 523 millones de dólares, el nivel más alto desde 2022. Esto es el último dato presentado por el BCB en sus informes semanales.
Detalla que la salida del MAS tras 20 años y la llegada de un gobierno (pro mercado) con mejor relación con el Congreso reduce el bloqueo institucional. Y, Fitch valora la capacidad legislativa para aprobar el financiamiento externo y reformas económicas y políticas.
Apunta que la subvención a la gasolina y el diésel costaban más del 6% del Producto Interno Bruto (PIB) (según informe de Fitch). Además, distorsionaba el déficit fiscal y drenaba reservas de divisas.
“Fitch interpreta esto como una señal clara de ajuste fiscal real, no cosmético”, señala Romero.
CONCLUSIÓN
Bolivia ha dado un primer paso en la dirección correcta. La mejora de la calificación de CCC- a CCC muestra que el país ya no está al borde inmediato del default, principalmente porque se empezaron a tomar decisiones difíciles, como ordenar las finanzas públicas y recuperar el acceso al financiamiento
Externo, señala parte e las conclusiones de Romero.
Sin embargo, esto no significa que la economía esté bien. Bolivia sigue en una zona de alto riesgo, con pocos dólares, un déficit fiscal elevado y una economía debilitada. La mejora es una señal de alivio, no de victoria. Si se mantiene el rumbo, el país puede estabilizarse; si se retrocede (por presiones), los problemas pueden volver rápidamente y más fuertes.
El mensaje es claro y sencillo: “no se puede retroceder”. Bolivia necesita seguir acumulando reservas (divisas), reducir el déficit fiscal y manejar la economía con prudencia, sin improvisaciones ni decisiones políticas que pongan en riesgo la estabilidad.
El ajuste debe continuar, pero con diálogo social (sin condicionamientos), transparencia y medidas que protejan a los sectores más vulnerables. Volver a gastar sin respaldo, emitir dinero sin control o postergar las reformas solo nos devolvería al borde del default, advierte.
“Hoy Bolivia tiene una oportunidad clave. Aprovecharla o desperdiciarla dependerá de mantener el rumbo, y pensar en el futuro, no en el corto plazo”, concluye el análisis. (El Diario)
