Deuda externa de Bolivia alcanza $us 14.131 millones al cierre de 2025

Al cierre de la gestión 2025, la deuda externa pública llegó hasta los $us 14.131,4 millones, según el último reporte del Banco Central de Bolivia (BCB). Esta cifra no solo representa un incremento de $us 786 millones en doce meses, sino que ratifica una tendencia de endeudamiento sostenido que pone bajo la lupa la sostenibilidad fiscal del país.
Con un saldo que representa el 24,6% del Producto Interno Bruto (PIB), la cifra se mantiene en niveles de sostenibilidad según los estándares internacionales. No obstante, el ritmo de crecimiento de la deuda exige un monitoreo constante para evitar tensiones en las reservas de divisas.
Durante el último año, Bolivia captó $us 1.419,3 millones mediante créditos externos, priorizando la ejecución de proyectos de infraestructura y el apoyo al presupuesto estatal. A pesar de este dinamismo en la captación de recursos, el cumplimiento de compromisos internacionales demandó un desembolso mayor, totalizando $us 1.520,7 millones. Al comparar estos datos, se observa que el servicio de la deuda no solo igualó los niveles de 2024, sino que superó los ingresos por financiamiento externo, consolidando un desafío logístico para la gestión de divisas del Banco Central.
Esta tendencia responde, en gran medida, al endurecimiento de los tipos de interés globales y al vencimiento de los periodos de gracia de diversas líneas de crédito. En consecuencia, la carga financiera no da tregua, exigiendo una gestión fiscal de máxima prudencia para evitar desequilibrios mayores.
La deuda pública externa mantiene una composición marcadamente institucional: el 86,9% corresponde a préstamos directos, mientras que los bonos soberanos y otros títulos de deuda representan apenas el 13,1%. Según cifras del BCB, el financiamiento se concentra en tres organismos clave: el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la CAF y el Banco Mundial, que en conjunto sostienen más del 67% del saldo total adeudado.
La estructura de la deuda externa actual revela una fuerte dependencia de los créditos bilaterales, con la República Popular China y Francia a la vanguardia como prestamistas clave. Este orden subraya la diversificación de las fuentes de financiamiento que en la actualidad sostienen las finanzas públicas.
El esquema de endeudamiento externo boliviano revela una marcada concentración: más del 55% de los fondos se canaliza hacia el soporte presupuestario, la infraestructura vial y el sistema sanitario. Esta distribución confirma una dependencia estratégica del crédito internacional no solo para dinamizar la obra pública, sino para garantizar la operatividad del gasto corriente estatal.
Esta vulnerabilidad financiera ante el exterior exige un giro hacia políticas que potencien la captación de divisas. El manejo prudente de las arcas públicas no es solo una recomendación técnica, sino el requisito indispensable para garantizar la estabilidad económica.
La sostenibilidad de la deuda externa entra en una zona de fricción. Al cierre de 2025, el costo de cumplir con los acreedores devoró el 16,8% de los ingresos por exportaciones, superando el límite de seguridad establecido. Este desborde evidencia que la generación de divisas no está creciendo al ritmo de las obligaciones, estrechando el margen de maniobra de la economía nacional.
Estiman que el servicio de la deuda externa pública alcanzará los $us 1.812,5 millones en 2026. Del total comprometido, el 66% ($us 1.206,1 millones) se destinará a la amortización de capital, mientras que los $us 606,4 millones restantes cubrirán el pago de intereses. Estas cifras del Banco Central, subrayan la urgencia de profundizar políticas de gestión financiera prudente para garantizar la sostenibilidad fiscal a mediano plazo.
Para el BCB, el margen de maniobra económica se juega en el frente externo. El análisis oficial no solo prioriza la necesidad imperativa de fortalecer las reservas mediante la captación de divisas, sino que advierte que la estabilidad financiera del país está atada a una gestión quirúrgica del servicio de la deuda, un factor que se perfila como el termómetro de la estabilidad a mediano plazo.
Ante este panorama, el expresidente de la CAF, Enrique García, analizó el complejo panorama económico bajo la administración de Rodrigo Paz. El economista boliviano fue tajante: para salir del bache actual, el país debe priorizar la inversión extranjera y desmitificar el uso de la deuda externa; advirtió que la parálisis política provocada por la pugna entre el Ejecutivo y el Legislativo es un lujo que Bolivia no puede permitirse.
García respalda las reformas de la administración de Paz Pereira, destacando especialmente el impacto de la eliminación de los subsidios a los combustibles. Asimismo, valora positivamente la ofensiva diplomática del Ejecutivo para atraer capitales extranjeros y divisas al país.
El especialista destacó que el principio de confianza es el pilar fundamental para el acceso al financiamiento. Indicó que la aprobación de proyectos en estas entidades no responde a criterios arbitrarios, sino a un rigor técnico estricto.
“Se requiere la elaboración de estudios de factibilidad que integren componentes técnicos, económicos, financieros, sociales y ambientales. Asimismo, la adjudicación de contratos de construcción y suministros debe realizarse mediante procesos de licitación pública internacional”, puntualizó.
Bolivia aún respira en términos de endeudamiento, pero el margen de maniobra se estrecha. La “tenaza” financiera —formada por el peso creciente de los intereses y la caída de las ventas al exterior— exige una reingeniería de las finanzas públicas. La sostenibilidad ya no es una garantía, sino un objetivo que demanda una gestión de crisis inmediata. (El Diario)
