
En África, la Gran Muralla Verde del Sahara fue impulsada por la Unión Africana en 2007 con la ambición de consolidar una franja de 8.000 kilómetros de longitud a través de la región del Sahel. Esta franja se sitúa en el extremo sur del desierto del Sahara, una región semiárida que se extiende desde Senegal, en la costa atlántica, hasta Yibuti, en el mar Rojo, la cual enfrenta sequías persistentes, escasez de alimentos y conflictos que derivan en migraciones masivas. Concebida inicialmente como un cinturón continuo de árboles para frenar la expansión del desierto, la Gran Muralla Verde ha evolucionado hacia una estrategia ecológica más amplia que abarca la restauración de paisajes degradados, la mejora de la productividad agrícola y el fortalecimiento de los medios de subsistencia rurales. El objetivo actual es restaurar 100 millones de hectáreas de tierras degradadas para 2030, al tiempo que se fomenta el empleo, la seguridad alimentaria y la resiliencia climática. Esta iniciativa transnacional tiene como precedente el caso de Argelia en la década de 1960, conocido como la Represa Verde de Argelia o, en francés, el *Barrage vert*.


Por su parte, la iniciativa china se remonta a 1978 con el Programa del Cinturón Forestal de los Tres Nortes (TNSP, por sus siglas en inglés), una iniciativa de restauración ecológica a largo plazo concebida para combatir la desertificación, así como la erosión hídrica y eólica del suelo en las regiones del noreste, norte y noroeste del país. Está previsto que el programa se desarrolle hasta 2050 en fases de implementación sucesivas, abarcando cerca de 4 millones de kilómetros cuadrados repartidos en 13 regiones de nivel provincial. A diferencia del ejemplo africano, el proyecto no comenzó como un bosque continuo, sino como una extensa red de barreras cortavientos, bosques restaurados, pastizales y otras intervenciones ecológicas diseñadas para estabilizar los suelos, proteger las tierras agrícolas y mejorar la resiliencia ecológica en el desierto de Gobi. El proyecto ha entrado en su sexta fase (2021–2030), respaldado por una planificación nacional actualizada que prioriza la vegetación nativa, el monitoreo ecológico y el ordenamiento territorial a escala de paisaje.

A pesar de enfrentar desafíos territoriales, sociales y políticos particulares, la ejecución de los proyectos de la Gran Muralla Verde se apoya en una combinación de técnicas de restauración ecológica adaptadas a las condiciones ambientales locales. Estas incluyen la regeneración natural asistida, la agroforestería, sistemas de captación de agua, la estabilización de dunas y la plantación de especies nativas, junto con prácticas de gestión sostenible de la tierra. Mientras que en el caso de África se lleva a cabo un mosaico de intervenciones por parte de agencias nacionales, las comunidades locales y aliados internacionales, en China el plan gubernamental persigue la idea de una infraestructura física uniforme que responde a una estructura administrativa centralizada. La región del Sahel presenta avances desiguales, con países como Senegal, Níger y Etiopía que registran esfuerzos significativos de restauración. Según la UNCCD, los desafíos vigentes se relacionan con la disponibilidad de agua, la calidad de los bosques y la sostenibilidad a largo plazo de las plantaciones en entornos áridos, manteniendo el objetivo común de reducir la erosión del suelo.

Partiendo de contextos políticos, sociales y geográficos distintos, ambas iniciativas mantienen su compromiso con las metas de restauración y sus perspectivas económicas, consolidándose entre los proyectos de restauración de paisaje más grandes del mundo. Otros proyectos recientes de restauración y renaturalización a nivel mundial incluyen el diseño de SLA para el espacio público y el paisaje urbano de "Ookwemin Minising", la nueva comunidad costera de 39,8 hectáreas en Toronto, ubicada en los Port Lands, un distrito industrial y recreativo al sureste del centro de la ciudad. En París, el Parc de la Villette atraviesa una transformación de gran envergadura que combina una granja urbana recién inaugurada con áreas de biodiversidad restaurada, como parte de una estrategia para adaptar este parque de 55,5 hectáreas al cambio climático. En Budapest, un equipo liderado por el estudio de arquitectura francés Coldefy e integrado por CITYFÖRSTER, Sporaarchitects, TREIBHAUS.LAND y Marko & Placemakers ganó el concurso para diseñar el plan maestro de Rákosrendező, un terreno industrial en desuso considerado desde hace tiempo como el "cinturón de óxido" de la ciudad.


